Érase una vez un niño
con ganas de ser cisne,
su padre le impuso un trabajo difícil
tocar las candilejas con apenas 5 años
pero él buscó en su voz un logaritmo de la felicidad
y cuando aún era joven
cantó hasta romper los cristales de la bóveda celeste
mas un día se miró en el espejo
y quiso encontrar la nieve en el reflejo de su propio agujero negro
después supo que las estrellas no mueren solamente de muerte sideral,
implosionan hacia sus adentros hasta tragarse la tristeza,
demasiados ecos de melancolía.
Cúanto lagos dejan ver el rostro del patito feo
cuántos flashes, cuántos juegos pirotécnicos,
cuánta maldad se oculta en este mundo
que no permite ver el cisne que aparece cuando se juuntan las osas mayores
en ese firmamento repleto de pastillas y barbitúricos para dormir
y cuentas por pagar
y conciertos por cumplir
para despertar y dormir nuevamente
entregándole al corazón la angustia de la vida de los otros
no la propia no la íntima no aquella donde titila la originaria luz quizá.
Érase una vez un cisne que quiso ser niño
y utilizó polvos e ingresó a cámaras inauditas para cambiar el tono de su piel
y pagó su nueva infancia como quien compra un carrousel infinito y un enorme parque de diversiones
y una noche larga se dedicó a jugar a la eternidad
con las voces de los niños detrás de su jardín
sin pensar acaso en las mentes despiadadas de los otros
los que viéndose desnudos se encontraron manchas de pecado.
Aún está ahí, el cisne,
mirándonos desde las estrellas
sonándonos en medio de sus notas musicales imposibles.
Aún está ahí.
¿Aún está ahí?
Paúl Puma
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el exito no promete. lo acabaron antes de terminarlo.
ResponderEliminarsaludos.